Me enteré de algo que había pasado sobre mí, pero nadie me lo contó directamente. Al principio sentí sorpresa. Luego un peso. Y comprendí algo fundamental: no necesito que los demás validen mi experiencia; solo yo sé lo que viví y lo que quiero recordar. No todos necesitan ver mi experiencia como yo la veo. No todos necesitan entender mi camino. Y eso está bien. No necesito que el mundo valide mi historia para que sea real. No necesito que nadie cargue lo que solo yo puedo transformar. Y tampoco necesito que alguien “me entienda” para avanzar. Lo que sí puedo hacer es observarme a mí misma con conciencia. Recordar quién he sido, quién soy y quién quiero ser. Eso me basta. La vida no se trata de agradar a todos. Ni de moldear mi historia para que otros la comprendan. Se trata de estar presente, sostener mi verdad y vivir con integridad. Cada día me recuerda que la verdadera libertad está en no depender del juicio de otros, en no creerme ni los elogios ni las críticas....
Del caos también se nace. Yo atravesé las sombras y descubrí que sanar no es olvidar, es recordar quién soy en lo más profundo. Hoy comparto mi camino para que, como yo, despiertes tu propia forma de reconectar y recordar.