Me enteré de algo que había pasado sobre mí, pero nadie me lo contó directamente.
Al principio sentí sorpresa. Luego un peso.
Y comprendí algo fundamental: no necesito que los demás validen mi experiencia; solo yo sé lo que viví y lo que quiero recordar.No todos necesitan ver mi experiencia
como yo la veo.
No todos necesitan entender mi camino.
Y eso está bien.
No necesito que el mundo valide mi
historia para que sea real.
No necesito que nadie cargue lo que solo yo puedo transformar.
Y tampoco necesito que alguien “me entienda” para avanzar.
Lo que sí puedo hacer es observarme a mí
misma con conciencia.
Recordar quién he sido, quién soy y quién quiero ser.
Eso me basta.
La vida no se trata de agradar a todos.
Ni de moldear mi historia para que otros la comprendan.
Se trata de estar presente, sostener mi verdad y vivir con integridad.
Cada día me recuerda que la verdadera
libertad está en no depender del juicio de otros, en no creerme ni los elogios ni las críticas.
Puedo observar lo que otros dicen, aceptarlo sin apego, y seguir caminando.
Integrar no es convencer a otros ni
buscar reconocimiento externo.
Integrar es observarme, aceptar lo que surge, soltar lo que pesa y recordar mi
esencia.
Así que si alguna vez te has sentido
juzgado, incomprendido o que tus historias no son vistas como tú esperabas,
respira y recuerda conmigo:
No necesitas que alguien valide tu
historia. Solo tú sabes lo que viviste, lo que sientes y lo que quieres ser.
Y a esta altura, amor, lo sé con
claridad:
No tengo nada que sanar. Solo recordar.
Recordar quién soy.
Recordar lo que mi alma ya sabe y mi mente olvida.
Y aquí está algo que hoy tengo más claro
que nunca:
yo no necesito que me entiendas, necesito que me respetes.
Así como yo no necesito entenderte a ti, porque te miro desde mis ojos, desde
mi historia, desde mis filtros…
Lo que sí puedo hacer es respetarte.
Y si no logro comprenderte por completo, respetarte será suficiente.
Y tú, que me lees, también estás en eso:
recordando, no reparando.
Permítete mirar tu vida con cariño y curiosidad.
Sin juzgarte.
Sin esperar que otros lo hagan.
No necesitas ser entendido, si respetado.

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