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Mostrando las entradas etiquetadas como Dinero

Romper con la lealtad a la escasez

Hubo un momento en mi vida en el que algo dentro de mí se resistía a sentirme libre, plena, abundante. Como si estuviera haciendo algo mal por querer más. No era miedo al dinero. Era miedo a lo que significaba tenerlo: ¿A quién estaba dejando atrás? ¿A quién estaba “superando”? ¿A quién podía dolerle verme bien? Y entonces lo vi claro: no le tenía miedo al éxito, sino a la culpa que venía con él . Me di cuenta de que había pactos invisibles operando dentro de mí. Pactos no dichos, heredados, transmitidos con silencios, miradas o frases como “no se puede tener todo en la vida”, “agradece con lo poco que tienes”, “más vale pobre pero honrado”. Pude ver que, por amor a mis padres, a mis abuelos, a mi linaje… estaba cargando una lealtad a la escasez que ya no me correspondía . Porque si yo vivía mejor, ¿estaba traicionando sus esfuerzos? Si ganaba más, ¿estaba despreciando sus sacrificios? Si sanaba el dolor, ¿entonces qué hacía con la identidad de víctima que cargó mi clan por gen...

Habita la abundancia

Durante mucho tiempo pensé que sanar mi relación con el dinero era un asunto de la mente: creencias, pensamientos, afirmaciones. También creí que bastaba con “vibrar alto” o repetir mantras de abundancia. Pero mi cuerpo decía otra cosa. Podía decir “yo merezco”, pero al momento de cobrar sentía culpa. Podía visualizar prosperidad, pero se me apretaba el estómago cuando invertía en mí. Podía afirmar que confío en la vida, pero me sudaban las manos cada vez que hablaba de precios o pagaba por algo que me daba placer. Entonces lo entendí: la abundancia no es un concepto mental. Es una experiencia corporal. Mi sistema nervioso no se sentía seguro al recibir. Y sin seguridad interna, no hay energía externa que fluya. Puedes leer todos los libros de prosperidad, hacer rituales, prender velas, hablarle al universo… pero si tu cuerpo se siente en peligro cuando recibes, vas a bloquear lo que llega. Y ni siquiera te vas a dar cuenta. La abundancia es una energía que necesita espac...

Recibir Sin Culpa: El Acto Más Valiente de Mi Sanación

Durante años, supe dar. A veces hasta vaciarme. Pero a la hora de recibir , algo dentro de mí se cerraba. No importaba si era un halago, un gesto, un regalo, un pago justo por mi trabajo… Una vocecita me decía: “No es para tanto” , “No lo mereces” , “Ya estás cobrando mucho” , “Deberías dar más antes de recibir” . Y así fui asociando culpa con recibir. Como si recibir fuera abuso. Como si pedir fuera arrogancia. Como si merecer algo bueno fuera ego. Y la vida me mostró una verdad brutal: la incapacidad de recibir también es una herida. Una herida que me hizo vivir de puntitas, sintiéndome agradecida por lo mínimo, como si la abundancia no fuera para mí. No nací con culpa. La aprendí. La absorbí de los silencios, del dolor no nombrado, del miedo a “molestar”, del mandato de ser buena, de callar, de sacrificarme. Y esa culpa se convirtió en filtro: por más que llegaran cosas buenas a mi vida, yo no podía sostenerlas. Algo en mí no las creía posibles. No me creía suficie...

El dinero siente la energía

Yo estoy conectada a un campo de abundancia universal, al igual que tú. Y el dinero es solo una de las muchas formas en las que esa energía llega a mí y a ti. No me pertenece. Y tampoco le pertenece a nadie más. El dinero nos atraviesa. Llega para ser usado, honrado y puesto en movimiento. Y cuando lo hago desde un lugar consciente, sin apego, con gratitud, el dinero siempre encuentra caminos para regresar a mí multiplicado. Esto no es pensamiento mágico. Es conciencia energética. Es un pacto invisible que tengo con la vida: si yo doy desde la confianza, la vida me sostiene. Yo no veo el dinero como lo ve la mayoría. No es solo un número en la cuenta, ni un papel que me da seguridad. Para mí, el dinero es energía. Y, como toda energía, necesita moverse, circular, respirar. Cada vez que me aferro, que lo retengo por miedo, que lo cargo de ansiedad o culpa, el dinero lo siente. Y lo que  siento es que empieza a estancarse. Durante mucho tiempo, por las experiencias dolorosas que viv...