Durante años, supe dar.
A veces hasta vaciarme.
Pero a la hora de recibir, algo dentro de mí se cerraba.
No importaba si era un halago, un gesto, un regalo, un pago
justo por mi trabajo…
Una vocecita me decía: “No es para tanto”, “No lo mereces”, “Ya
estás cobrando mucho”, “Deberías dar más antes de recibir”.
Y así fui asociando culpa con recibir.
Como si recibir fuera abuso. Como si pedir fuera arrogancia. Como si merecer
algo bueno fuera ego.
Y la vida me mostró una verdad brutal:
la incapacidad de recibir también es una herida.
Una herida que me hizo vivir de puntitas, sintiéndome agradecida por lo mínimo,
como si la abundancia no fuera para mí.
No nací con culpa. La aprendí.
La absorbí de los silencios, del dolor no nombrado, del miedo a “molestar”, del
mandato de ser buena, de callar, de sacrificarme.
Y esa culpa se convirtió en filtro: por más que llegaran cosas buenas a mi
vida, yo no podía sostenerlas.
Algo en mí no las creía posibles.
No me creía suficiente.
Pero empecé a sanar.
Y al sanar, tuve que mirar de frente esa parte que se resistía a recibir.
Tuve que abrazar a la niña que pensaba que tenía que portarse perfecto para que
la quisieran.
Tuve que recordarme que recibir no me hace menos espiritual, menos humilde,
ni menos amorosa.
Me hace humana. Me hace entera. Me hace disponible para la vida.
Porque recibir con el corazón abierto no es pasividad.
Es presencia.
Es decirle a la vida: “Sí, lo acepto. Sí, me lo merezco. Sí, estoy lista.”
Recibir con gratitud es honrar a quien da.
Recibir con conciencia es permitir que la energía circule.
Recibir con amor es reconocer que yo también soy digna de lo bueno.
Sin justificaciones. Sin castigos. Sin sufrimiento previo.
Hoy ya no me disculpo por lo que valgo.
No me achico para que otros se sientan cómodos.
No regalo mi trabajo para demostrar que “no soy ambiciosa”.
Hoy sé que recibir es parte del equilibrio.
Y que lo que recibo me sostiene para poder seguir dando.
Si tú también has sentido culpa al recibir…
Si crees que debes dar el triple para merecer la mitad…
Si te cuesta cobrar, pedir, abrir los brazos y decir “gracias” sin
explicaciones…
Quiero decirte esto:
No estás sola. No estás solo.
Y esto se puede sanar
Se puede aprender a recibir sin culpa.
Se puede construir una nueva forma de relacionarte con el amor, el dinero, la
vida.
Una donde no te sientas una carga.
Una donde tu existencia sea suficiente.
Una donde lo que llega a ti, llega porque te lo mereces.
No por lo que haces.
Sino por lo que eres.

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