Hubo un momento en mi vida en el que algo dentro de mí se resistía a sentirme libre, plena, abundante. Como si estuviera haciendo algo mal por querer más. No era miedo al dinero. Era miedo a lo que significaba tenerlo: ¿A quién estaba dejando atrás? ¿A quién estaba “superando”? ¿A quién podía dolerle verme bien? Y entonces lo vi claro: no le tenía miedo al éxito, sino a la culpa que venía con él . Me di cuenta de que había pactos invisibles operando dentro de mí. Pactos no dichos, heredados, transmitidos con silencios, miradas o frases como “no se puede tener todo en la vida”, “agradece con lo poco que tienes”, “más vale pobre pero honrado”. Pude ver que, por amor a mis padres, a mis abuelos, a mi linaje… estaba cargando una lealtad a la escasez que ya no me correspondía . Porque si yo vivía mejor, ¿estaba traicionando sus esfuerzos? Si ganaba más, ¿estaba despreciando sus sacrificios? Si sanaba el dolor, ¿entonces qué hacía con la identidad de víctima que cargó mi clan por gen...
Del caos también se nace. Yo atravesé las sombras y descubrí que sanar no es olvidar, es recordar quién soy en lo más profundo. Hoy comparto mi camino para que, como yo, despiertes tu propia forma de reconectar y recordar.