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Honro a mi abuelo Salomón, una figura paterna que marcó mi vida

A lo largo de la vida, hay personas que, sin buscarlo, dejan una huella profunda. Para mí, una de esas personas fue mi abuelo Salomón. Una figura paterna positiva, amorosa y profundamente respetuosa. El abuelo Salomón era un hombre sensible, con un corazón abierto y una fe inquebrantable. Tenía una espiritualidad serena, que no necesitaba explicarse con palabras: se sentía en su forma de vivir, de confiar, de cuidar. Era muy honrado. Vivía con principios claros, trataba a todos con respeto y nunca levantaba la voz. No usaba malas palabras, no imponía. Acompañaba con presencia, con cariño, con esa elegancia sencilla de los hombres buenos. Reía con sus ojos. Tenía un curioso bigote. Su mirada se iluminaba con ternura, con alegría genuina. Tenía un buen humor constante y una forma de disfrutar lo simple que llenaba de paz a quien lo rodeara.  Y bailaba conmigo. No necesitábamos música fuerte ni grandes fiestas. Bastaba su risa, su gesto, su complicidad. Bailar con él era...

El regalo silencioso de mi papá: creer en mí

Durante años creí que sanar era acumular herramientas, nuevas formas de pensar o técnicas que me ayudaran a “estar mejor”. Pero con el tiempo descubrí algo más profundo: que el verdadero punto de transformación es conocerme a mí misma . Entender cómo funciono, qué me activa, qué me da miedo, qué necesito para sentirme en paz. Y en ese proceso, inevitablemente, miré hacia atrás... y me encontré con mi papá. Mi papá nunca me gritó. Nunca me levantó la mano. Nunca me trató con groserías. Su forma de enseñarme fue con palabras, no con castigos. Me hablaba para hacerme caer en cuenta de lo que podía mejorar. No imponía, explicaba. No controlaba, confiaba. Y quizás eso fue lo más poderoso: Confiaba en mí más de lo que yo misma lo hacía. Él siempre me decía que debía estudiar, aprender, valerme por mí misma. No desde la exigencia, sino desde el amor profundo que desea que su hija no dependa de nadie, que sea libre, fuerte y capaz. Me apoyó incluso cuando no estaba de acuerdo con mi...

Sanar a mamá en mí: cuando el perdón es hacia adentro y el amor se expande

Durante mucho tiempo creí que sanar la relación con mi mamá significaba perdonarla. Perdonarla por lo que no supo darme, por sus ausencias emocionales, por sus silencios, por sus formas. Pero con los años, el camino  me llevó por otra ruta más honda y amorosa: la del perdón hacia mí misma. Porque más allá de lo que ella hizo o dejó de hacer, también yo me herí intentando llenar vacíos. También yo me exigí, me culpé, me hice pequeña o me endurecí para no volver a sentirme como me sentí con ella. También yo me juzgué por no poder “superarlo”, por desear una madre diferente, por querer cerrar la herida con la razón cuando lo que dolía era el alma. Sanar la relación con mamá ha sido, sobre todo, reconocer que ya no quiero seguir cargando ese peso. Que no necesito que ella cambie para yo poder estar en paz. Que no se trata de que me entienda, me pida perdón o me dé lo que nunca pudo. Se trata de dejar de esperar y empezar a vivir desde lo que sí puedo darme ahora . Perdonarme ...

Ser mamá: un camino que sana generaciones

Ser mamá lo cambió todo para mí. Y no porque me volví alguien distinta, sino porque ser madre me puso frente a cada herida que pensé que ya había sanado. Cuando has vivido abuso sexual en la infancia, la maternidad no se vive igual. A veces, el simple acto de cuidar a un hijo despierta memorias que ni sabías que seguían ahí. En mi caso, hubo noches en que los veía dormir y lloraba sin entender por qué. Hasta que lo entendí: esa niña que yo fui también había necesitado ser protegida, amada, escuchada. Y entonces se volvió inevitable: ser mamá me llevó a mirar más profundo mi propio dolor. No desde el juicio, sino desde el deseo de no repetir, de no transmitir, de romper un ciclo que no empezó conmigo… pero que sí podía terminar conmigo. 💛 Aprendí que el instinto de proteger a mis hijos podía esconder también un miedo inconsciente: que ellos pudieran sufrir lo que yo sufrí. Ese miedo a veces me hacía sobreproteger, desconfiar, angustiarme más de la cuenta. Tuve que aprender a dist...

Honrar a mi cuerpo: la dimensión que no podía seguir ignorando

Durante mucho tiempo, enfoqué mi sanación en la mente y el corazón. Leer, hablar, escribir, llorar, entender… Me entregué a eso con fuerza. Pero había algo que, sin querer, seguía dejando por fuera: mi cuerpo . Mi cuerpo también vivió la violencia. Él la guardó. Él la sostuvo cuando yo era pequeña y no podía entender lo que me pasaba. Mi cuerpo aprendió a tensarse, a encogerse, a quedarse quieto, a aguantar. Y aunque mi conciencia haya crecido y evolucionado, él aún carga memorias que no siempre son visibles, pero sí palpables. Hubo un momento en mi proceso donde me di cuenta de que por más que entendiera lo que me pasó, si no incluía a mi cuerpo en la sanación, algo se me iba a quedar incompleto. Empecé a notar cómo reaccionaba mi cuerpo ante ciertas situaciones, palabras, personas. A veces me dolía el pecho sin razón aparente. O me costaba respirar. O me sentía desconectada, como si viviera solo en mi cabeza. Ahí entendí: mi cuerpo necesitaba ser parte activa de mi recuperación...

Domar al Rey Dragón cómo aprendí a anticipar mis crisis emocionales

Durante años me pregunté si esos momentos de crisis que atravesaba eran simplemente inevitables… o si había alguna forma de anticiparlos y prevenirlos. Tal vez tú también te lo has preguntado. Un día descubrí una teoría que me ayudó a comprender mucho de lo que me pasaba. Mientras la famosa teoría del “Cisne Negro” habla de eventos inesperados e imposibles de prever, hay otra propuesta, la del “Rey Dragón”, del científico Didier Sornette, que dice todo lo contrario: que hay crisis que sí se pueden anticipar, porque siguen patrones ocultos. Y empecé a mirar mi vida desde ahí. Pensé en cómo las grandes crisis del mundo (como la financiera de 2008 o el desastre de Fukushima) mostraron señales antes de estallar. Y entonces me pregunté: ¿cuántas veces yo también vi señales en mi propia historia… pero no supe escucharlas hasta que el dolor me volvió a tocar? Cuando viví abuso, yo no podía preverlo ni evitarlo. No tenía las herramientas, ni la edad, ni la claridad. Pero hoy, sí puedo empe...

Adiós trauma: mis sueños están en mis manos

Entre ayer y hoy, la vida me recordó algo que ya sabía, pero que a veces olvido: mis sueños no pueden depender de nadie más que de mí. Mis sueños no dependen de nadie más.  Aprender de otros, compartir ideas, trabajar en equipo… todo eso es maravilloso. Pero esperar que alguien más me abra el camino o haga realidad mis sueños por mí, no. A veces caigo en la trampa de pensar que si otra persona lo hace por mí, será más rápido o mejor. Pero la verdad es que nadie puede recorrer mi camino por mí. Y sé que esto aplica en muchas áreas de la vida. ¿Cuántas veces me pregunto…? 🔹 ¿Cuándo se dará eso que estoy esperando? 🔹 ¿Cuándo se manifestará mi sueño? 🔹 ¿Cuándo llegará la felicidad que tanto anhelo? Pero la verdadera pregunta es: 💡 ¿Qué puedo hacer yo hoy para acercarme a lo que deseo? Porque sanar también es una decisión que tomo cada día. Sanar no es olvidar, no es borrar lo que viví, sino transformarlo. Es abrazar mi historia sin que defina mi futuro. Es mirar al espejo y recon...