Con el tiempo entendí que hablar de dinero en pareja no es frialdad, es claridad. Y tener claridad no le quita amor al vínculo, al contrario: lo fortalece.
Hoy sé que la abundancia en pareja no se trata
solo de sumar ingresos, sino de crear una energía de construcción mutua. Lo
tuyo no amenaza lo mío. Y lo mío no invalida lo nuestro.
He aprendido a valorar la importancia de tener
mi propio espacio financiero, mi cuenta, mis decisiones, mis proyectos
individuales. No para esconderlos ni para dividirme, sino porque desde ahí
puedo aportar con más solidez a lo que construimos en común.
Y también sé que hay una riqueza especial en
tener algo compartido. Un fondo para viajes, una cuenta para sueños familiares,
un plan para crecer juntos, un proyecto laboral o comunitario… Esa sensación de
construir con alguien, no desde la carencia ni la dependencia, sino desde la
elección consciente de sumar fuerzas, es profundamente abundante.
El dinero no es solo billetes ni cifras. Es energía, es visión, es un
símbolo de lo que estoy disponible a recibir y a compartir. Y en pareja, cuando hay apertura para hablar de eso con
respeto y sin manipulación, se transforma en una herramienta para unir, no para
controlar.
Hoy elijo la abundancia completa: la que me
sostiene sola y también la que me expande junto a quien amo.
No me resta tener lo mío. No me divide tener lo nuestro.
Me hace más libre. Me hace más sabia. Me hace más justa conmigo y con quienes
me rodean.
Y si estás leyendo esto, quizá también estás
buscando equilibrio entre tu libertad y tu deseo de compartir.
No hay una sola forma correcta de hacerlo.
Pero sí hay algo que es seguro:
Amor sin autonomía se convierte en carga.
Dinero sin acuerdos se convierte en tensión.
Y abundancia sin conversación… no se sostiene.
Cuando hay amor y conciencia, hablar de dinero es una forma más de
cuidar lo que se construye.
Que lo que sea tuyo te enraíce.
Que lo que sea de ambos les haga volar.
Y que el dinero sea parte de la expansión, no del silencio.
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