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"Este año sí” (pero no como me dijeron)

Enero siempre llega con la misma frase flotando en el aire:
este año sí.

Sí cambio.
Sí sano.
Sí mi vida es distinta.

Y aunque intento no comprarla, algo de esa urgencia se me mete en el cuerpo.

Este tiempo he entendido algo:
la transformación no es un gran salto.
Es una suma de pasos pequeños.

Hay una historia que me acompaña mucho.
La de Dashrath Manjhi, un hombre en la India que perdió a su esposa porque el hospital quedaba a 70 kilómetros, separados por una montaña.

Con un mazo y un cincel empezó a golpear la piedra.
Solo.
Día tras día.
Durante 22 años.

Al final, abrió un túnel.
Setenta kilómetros se volvieron uno.

Cada golpe, visto por separado, no parecía suficiente.
Pero juntos, lo cambiaron todo.

Yo también he querido sanar rápido.
He querido entenderlo todo ya.
He querido “estar bien” como si fuera una meta que se alcanza de una vez.

Y no funciona así.

Lo que sí funciona —y lo he vivido— es esto:
escuchar un poco más mi cuerpo.
no forzarme cuando algo dentro dice basta.
elegirme en detalles pequeños que nadie ve.

No es espectacular.
No se nota de inmediato.
Pero es real.

Si al leer esto piensas:
yo también siento que en enero debería estar en otro lugar,
yo también me digo este año sí,
o simplemente te reconoces en esta forma lenta de avanzar…
no estás sola / no estás solo.

Hay una parte más sabia en ti —llámala Yo Superior, doble cuántico o como quieras—
que no te está pidiendo prisa.
Te está pidiendo presencia.

Este enero no quiero exigirme una versión nueva de mí.
Quiero sostener la que soy hoy, sin abandonarla en nombre del cambio.

Para mí, este año sí no significa correr.
Significa quedarme.
Seguir.
Escuchar a esa parte que sabe, incluso cuando yo dudo.

No tengo que atravesar la montaña.
Solo no soltar el mazo.

No sé todo el camino, pero mis pies ya están listos para los nuevos inicios.

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