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Entradas

🌙 Un café antes del adiós

Hace unos días se fue un amigo. De esos que dejan huella sin hacer ruido, con la simpleza de su forma de estar. Nos conocimos en la universidad cuando todavía éramos menores de edad. Éramos cuatro inseparables: dos hombres y dos mujeres, juntos para todo, casi todo el día, y buena parte de la noche, por varios años. Nos conocimos y empatizamos rápido —mejor dicho, yo llegué a su grupo, pero parecía que me estaban esperando a mí, jajaja. Aprendimos a amar nuestras diferencias, a entendernos y a hablar el mismo idioma. Él era el negrito del grupo: incondicional, amoroso, caballero, detallista. Nos graduamos y, como suele pasar, tomamos caminos distintos. No volvimos a vernos. Pasaron los años y un día, justo antes de tener a mi primer hijo, nos encontramos de casualidad en un centro comercial. Yo estaba de afán, pero alcanzamos a hablar de su vida y la mía, parados en medio de la gente. Fue un encuentro corto pero lleno de vida. Luego, otra vez, el silencio. Hasta que llegaron ...

Ya no busques al niño interior

Durante mucho tiempo creí que sanar a mi niña interior era la clave. Me sumergí en mis memorias, en mis heridas, en las partes de mí que quedaron congeladas en el tiempo. Me abracé, lloré, escribí cartas, hice rituales. Fue profundo, necesario y sagrado. Le dediqué años, energía, lágrimas… y sí, fue hermoso reencontrarme con esa parte de mí. Pero también me quedé ahí, dando vueltas entre memorias y heridas. Invertí mucho tiempo en ese rincón del pasado… sin entender que, mientras miraba hacia atrás, me estaba olvidando de algo más grande. De que yo nunca estuve rota. De que, aunque esa niña necesitara mi amor, yo era —y siempre fui— una con el universo. No entendía que mientras buscaba sanar a “esa niña”, seguía creyendo que estaba separada. Separada de la vida, del universo, de Dios (o como lo percibas). Pensaba que debía reparar algo, cuando en realidad nunca estuve rota. Cuando me creí separada de la divinidad, traté de repararme desde la dualidad: la adulta sanando a ...

Siento y creo desde mi energía sexual

🔥 Hubo un momento en mi vida en el que pensaba que la sexualidad era solo lo que pasaba en la cama. Creía que se reducía a encuentros físicos, a lo que se hace con otro. Y por mucho tiempo me quedé ahí, como si la sexualidad no tuviera nada que ver con mi día a día, con mis emociones o con mi creatividad. ✨ Hasta que un día lo entendí: mi sexualidad no estaba fuera de mí, siempre había estado dentro. Esa fuerza que me impulsa a moverme, a crear proyectos, a hablar con pasión, a bailar, a reír con ganas, a mirar la vida con deseo… esa es mi energía sexual. 🔥 La sexualidad es la energía más pura de vida. No se limita a la genitalidad ni a un momento íntimo con alguien más, es la corriente que atraviesa todo lo que hago. Cuando la niego o la reprimo, me siento apagada, seca, sin brillo. Cuando me permito sentirla, reconocerla y honrarla, me expando, florezco y me siento más viva que nunca. ✨ Aprendí que mi sexualidad es también cómo me visto para mí, cómo me hablo frente al espejo, c...

Mi sexualidad soy yo

🌑 Del caos también se nace. Y yo nací de un caos profundo: no me gustaba mi pelo, ni mi cuerpo, ni mi voz. Cada vez que me miraba en el espejo encontraba una excusa para rechazarme. Y cuando no te aceptas, no importa cuánto sonrías hacia afuera, adentro estás vacía. Así de simple: sin amor propio, no hay autoestima; sin autoestima, tus relaciones son un reflejo de carencia. 🔥 Por años creí que mi sexualidad empezaba con otra persona, con el deseo del otro, con el contacto externo. Me equivocaba. Descubrí que mi sexualidad empieza adentro: en cómo habito mi piel, en cómo respiro dentro de mi cuerpo, en cómo me digo “sí” en lugar de “no” cada vez que me miro. No se trata solo de placer físico, se trata de aceptación, de dignidad y de presencia. 💔 Cuando yo me rechazaba, buscaba afuera validación: que me dijeran “eres bonita”, “eres deseable”, “te amo”. Pero todo eso se caía como arena entre las manos, porque yo misma no lo creía. Fue al aceptar mis cicatrices, mi voz, mis curvas, ...

Amor y Dinero: Lo Tuyo, Lo Mío y Lo Nuestro

Con el tiempo entendí que hablar de dinero en pareja no es frialdad, es claridad. Y tener claridad no le quita amor al vínculo, al contrario: lo fortalece. Hoy sé que la abundancia en pareja no se trata solo de sumar ingresos, sino de crear una energía de construcción mutua. Lo tuyo no amenaza lo mío. Y lo mío no invalida lo nuestro. He aprendido a valorar la importancia de tener mi propio espacio financiero, mi cuenta, mis decisiones, mis proyectos individuales. No para esconderlos ni para dividirme, sino porque desde ahí puedo aportar con más solidez a lo que construimos en común. Y también sé que hay una riqueza especial en tener algo compartido. Un fondo para viajes, una cuenta para sueños familiares, un plan para crecer juntos, un proyecto laboral o comunitario… Esa sensación de construir con alguien, no desde la carencia ni la dependencia, sino desde la elección consciente de sumar fuerzas, es profundamente abundante. El dinero no es solo billetes ni cifras. Es energía, e...

Romper con la lealtad a la escasez

Hubo un momento en mi vida en el que algo dentro de mí se resistía a sentirme libre, plena, abundante. Como si estuviera haciendo algo mal por querer más. No era miedo al dinero. Era miedo a lo que significaba tenerlo: ¿A quién estaba dejando atrás? ¿A quién estaba “superando”? ¿A quién podía dolerle verme bien? Y entonces lo vi claro: no le tenía miedo al éxito, sino a la culpa que venía con él . Me di cuenta de que había pactos invisibles operando dentro de mí. Pactos no dichos, heredados, transmitidos con silencios, miradas o frases como “no se puede tener todo en la vida”, “agradece con lo poco que tienes”, “más vale pobre pero honrado”. Pude ver que, por amor a mis padres, a mis abuelos, a mi linaje… estaba cargando una lealtad a la escasez que ya no me correspondía . Porque si yo vivía mejor, ¿estaba traicionando sus esfuerzos? Si ganaba más, ¿estaba despreciando sus sacrificios? Si sanaba el dolor, ¿entonces qué hacía con la identidad de víctima que cargó mi clan por gen...

Habita la abundancia

Durante mucho tiempo pensé que sanar mi relación con el dinero era un asunto de la mente: creencias, pensamientos, afirmaciones. También creí que bastaba con “vibrar alto” o repetir mantras de abundancia. Pero mi cuerpo decía otra cosa. Podía decir “yo merezco”, pero al momento de cobrar sentía culpa. Podía visualizar prosperidad, pero se me apretaba el estómago cuando invertía en mí. Podía afirmar que confío en la vida, pero me sudaban las manos cada vez que hablaba de precios o pagaba por algo que me daba placer. Entonces lo entendí: la abundancia no es un concepto mental. Es una experiencia corporal. Mi sistema nervioso no se sentía seguro al recibir. Y sin seguridad interna, no hay energía externa que fluya. Puedes leer todos los libros de prosperidad, hacer rituales, prender velas, hablarle al universo… pero si tu cuerpo se siente en peligro cuando recibes, vas a bloquear lo que llega. Y ni siquiera te vas a dar cuenta. La abundancia es una energía que necesita espac...