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"Este año sí” (pero no como me dijeron)

Enero siempre llega con la misma frase flotando en el aire: este año sí . Sí cambio. Sí sano. Sí mi vida es distinta. Y aunque intento no comprarla, algo de esa urgencia se me mete en el cuerpo. Este tiempo he entendido algo: la transformación no es un gran salto. Es una suma de pasos pequeños. Hay una historia que me acompaña mucho. La de Dashrath Manjhi , un hombre en la India que perdió a su esposa porque el hospital quedaba a 70 kilómetros, separados por una montaña. Con un mazo y un cincel empezó a golpear la piedra. Solo. Día tras día. Durante 22 años. Al final, abrió un túnel. Setenta kilómetros se volvieron uno. Cada golpe, visto por separado, no parecía suficiente. Pero juntos, lo cambiaron todo. Yo también he querido sanar rápido. He querido entenderlo todo ya. He querido “estar bien” como si fuera una meta que se alcanza de una vez. Y no funciona así. Lo que sí funciona —y lo he vivido— es esto: escuchar un poco más mi cuerpo. no forzarme c...

🎂Cumplir años sin buscar atención

Cumplí años.🎉 Y quiero decir algo con mucha honestidad. 😍No busco atención. No espero fiestas, regalos, llamadas obligadas ni celebraciones porque “toca”. Tampoco es un día cualquiera para mí. Yo no ignoro mi cumpleaños. Yo sí me celebro.🎈 🙌Me celebro reconociendo mi camino, mis avances, las transformaciones que he vivido, lo que he logrado sostener, sanar y comprender. Siempre miro lo que he construido, lo que he atravesado y lo que hoy habito con más conciencia. El amor real no necesita fechas especiales para manifestarse. No necesita celebraciones programadas ni recordatorios en el calendario.💫 👏Y aun así, mi cumpleaños sí es un día especial para mí. No es un día cualquiera. Es un día que reconozco, que honro, que celebro a mi manera. Eso no significa que tenga que ser especial para los demás.💘 💯No huyo de la celebración. No huyo de la gente. No me escondo. Simplemente no necesito ser el centro de atención para sentir que mi vida vale, ni para sentirme especial ese día. No n...

Cómo suena un cierre guiado

Hay decisiones que no llegan como un terremoto. Llegan como un sonido interno, suave, claro y firme. Un “ya terminaste aquí” que no duele, no asusta, no rompe… solo te acomoda de nuevo en tu propia piel. Eso me pasó hace unos años cuando trabajaba en una clínica. No había malestar, no había conflicto, no había una historia dramática que contar. Simplemente mi energía ya no encajaba ahí . Era como si yo estuviera creciendo por dentro y el lugar —aunque hermoso— se hubiera quedado pequeño para la versión que yo estaba empezando a ser. Primero llegó como pequeñas incomodidades: el horario rígido, la rutina repetida, la sensación de que mis procesos internos avanzaban más rápido que las estructuras externas. Así es como comienzan los cierres guiados: no explota nada, solo se siente el desfase . Un día, ese “algo” interno habló. No un impulso loco, no un “me cansé, renuncio y ya”. No. Fue una certeza silenciosa: “Es ahora.” Y lo hice. Pero lo hice con belleza , con presencia, con gra...

Mi historia no necesita aprobación⭐

Me enteré de algo que había pasado sobre mí, pero nadie me lo contó directamente. Al principio sentí sorpresa. Luego un peso. Y comprendí algo fundamental: no necesito que los demás validen mi experiencia; solo yo sé lo que viví y lo que quiero recordar. No todos necesitan ver mi experiencia como yo la veo. No todos necesitan entender mi camino. Y eso está bien. No necesito que el mundo valide mi historia para que sea real. No necesito que nadie cargue lo que solo yo puedo transformar. Y tampoco necesito que alguien “me entienda” para avanzar. Lo que sí puedo hacer es observarme a mí misma con conciencia. Recordar quién he sido, quién soy y quién quiero ser. Eso me basta. La vida no se trata de agradar a todos. Ni de moldear mi historia para que otros la comprendan. Se trata de estar presente, sostener mi verdad y vivir con integridad. Cada día me recuerda que la verdadera libertad está en no depender del juicio de otros, en no creerme ni los elogios ni las críticas....

Entre ciencia y energía✨

  Siempre he sido muy racional 🧠. De mente científica, estructurada, de esas que necesitan que todo tenga sentido y explicación. Pero la vida me mostró que hay cosas que no se pueden medir, ni pesar, ni comprobar con la lógica… y que aun así son reales ✨. Todo empezó con un caso que llegó a mí sin buscarlo. Un menor que había visto a su mamá ser llevada por los aires, como si algo la tomara del pelo y la moviera de un lado a otro… sin que hubiera nadie físicamente allí 👀. Yo escuchaba y mi mente trataba de entenderlo, pero había algo más profundo en juego. Detrás de esa experiencia había una historia de pareja rota 💔, energías pesadas, una tercera persona que entró a hacer daño y una familia que terminó buscando ayuda espiritual porque ya no sabían qué más hacer 🙏. Después de que todo “se resolvió”, las huellas mentales y emocionales seguían ahí 💭. Y ese era el proceso que yo debía acompañar. ¿Cómo le iba a ayudar a este joven si yo no entendía de lo que me hablaban? Pe...

🌙 Un café antes del adiós

Hace unos días se fue un amigo. De esos que dejan huella sin hacer ruido, con la simpleza de su forma de estar. Nos conocimos en la universidad cuando todavía éramos menores de edad. Éramos cuatro inseparables: dos hombres y dos mujeres, juntos para todo, casi todo el día, y buena parte de la noche, por varios años. Nos conocimos y empatizamos rápido —mejor dicho, yo llegué a su grupo, pero parecía que me estaban esperando a mí, jajaja. Aprendimos a amar nuestras diferencias, a entendernos y a hablar el mismo idioma. Él era el negrito del grupo: incondicional, amoroso, caballero, detallista. Nos graduamos y, como suele pasar, tomamos caminos distintos. No volvimos a vernos. Pasaron los años y un día, justo antes de tener a mi primer hijo, nos encontramos de casualidad en un centro comercial. Yo estaba de afán, pero alcanzamos a hablar de su vida y la mía, parados en medio de la gente. Fue un encuentro corto pero lleno de vida. Luego, otra vez, el silencio. Hasta que llegaron ...

Ya no busques al niño interior

Durante mucho tiempo creí que sanar a mi niña interior era la clave. Me sumergí en mis memorias, en mis heridas, en las partes de mí que quedaron congeladas en el tiempo. Me abracé, lloré, escribí cartas, hice rituales. Fue profundo, necesario y sagrado. Le dediqué años, energía, lágrimas… y sí, fue hermoso reencontrarme con esa parte de mí. Pero también me quedé ahí, dando vueltas entre memorias y heridas. Invertí mucho tiempo en ese rincón del pasado… sin entender que, mientras miraba hacia atrás, me estaba olvidando de algo más grande. De que yo nunca estuve rota. De que, aunque esa niña necesitara mi amor, yo era —y siempre fui— una con el universo. No entendía que mientras buscaba sanar a “esa niña”, seguía creyendo que estaba separada. Separada de la vida, del universo, de Dios (o como lo percibas). Pensaba que debía reparar algo, cuando en realidad nunca estuve rota. Cuando me creí separada de la divinidad, traté de repararme desde la dualidad: la adulta sanando a ...

Siento y creo desde mi energía sexual

🔥 Hubo un momento en mi vida en el que pensaba que la sexualidad era solo lo que pasaba en la cama. Creía que se reducía a encuentros físicos, a lo que se hace con otro. Y por mucho tiempo me quedé ahí, como si la sexualidad no tuviera nada que ver con mi día a día, con mis emociones o con mi creatividad. ✨ Hasta que un día lo entendí: mi sexualidad no estaba fuera de mí, siempre había estado dentro. Esa fuerza que me impulsa a moverme, a crear proyectos, a hablar con pasión, a bailar, a reír con ganas, a mirar la vida con deseo… esa es mi energía sexual. 🔥 La sexualidad es la energía más pura de vida. No se limita a la genitalidad ni a un momento íntimo con alguien más, es la corriente que atraviesa todo lo que hago. Cuando la niego o la reprimo, me siento apagada, seca, sin brillo. Cuando me permito sentirla, reconocerla y honrarla, me expando, florezco y me siento más viva que nunca. ✨ Aprendí que mi sexualidad es también cómo me visto para mí, cómo me hablo frente al espejo, c...

Mi sexualidad soy yo

🌑 Del caos también se nace. Y yo nací de un caos profundo: no me gustaba mi pelo, ni mi cuerpo, ni mi voz. Cada vez que me miraba en el espejo encontraba una excusa para rechazarme. Y cuando no te aceptas, no importa cuánto sonrías hacia afuera, adentro estás vacía. Así de simple: sin amor propio, no hay autoestima; sin autoestima, tus relaciones son un reflejo de carencia. 🔥 Por años creí que mi sexualidad empezaba con otra persona, con el deseo del otro, con el contacto externo. Me equivocaba. Descubrí que mi sexualidad empieza adentro: en cómo habito mi piel, en cómo respiro dentro de mi cuerpo, en cómo me digo “sí” en lugar de “no” cada vez que me miro. No se trata solo de placer físico, se trata de aceptación, de dignidad y de presencia. 💔 Cuando yo me rechazaba, buscaba afuera validación: que me dijeran “eres bonita”, “eres deseable”, “te amo”. Pero todo eso se caía como arena entre las manos, porque yo misma no lo creía. Fue al aceptar mis cicatrices, mi voz, mis curvas, ...

Amor y Dinero: Lo Tuyo, Lo Mío y Lo Nuestro

Con el tiempo entendí que hablar de dinero en pareja no es frialdad, es claridad. Y tener claridad no le quita amor al vínculo, al contrario: lo fortalece. Hoy sé que la abundancia en pareja no se trata solo de sumar ingresos, sino de crear una energía de construcción mutua. Lo tuyo no amenaza lo mío. Y lo mío no invalida lo nuestro. He aprendido a valorar la importancia de tener mi propio espacio financiero, mi cuenta, mis decisiones, mis proyectos individuales. No para esconderlos ni para dividirme, sino porque desde ahí puedo aportar con más solidez a lo que construimos en común. Y también sé que hay una riqueza especial en tener algo compartido. Un fondo para viajes, una cuenta para sueños familiares, un plan para crecer juntos, un proyecto laboral o comunitario… Esa sensación de construir con alguien, no desde la carencia ni la dependencia, sino desde la elección consciente de sumar fuerzas, es profundamente abundante. El dinero no es solo billetes ni cifras. Es energía, e...

Romper con la lealtad a la escasez

Hubo un momento en mi vida en el que algo dentro de mí se resistía a sentirme libre, plena, abundante. Como si estuviera haciendo algo mal por querer más. No era miedo al dinero. Era miedo a lo que significaba tenerlo: ¿A quién estaba dejando atrás? ¿A quién estaba “superando”? ¿A quién podía dolerle verme bien? Y entonces lo vi claro: no le tenía miedo al éxito, sino a la culpa que venía con él . Me di cuenta de que había pactos invisibles operando dentro de mí. Pactos no dichos, heredados, transmitidos con silencios, miradas o frases como “no se puede tener todo en la vida”, “agradece con lo poco que tienes”, “más vale pobre pero honrado”. Pude ver que, por amor a mis padres, a mis abuelos, a mi linaje… estaba cargando una lealtad a la escasez que ya no me correspondía . Porque si yo vivía mejor, ¿estaba traicionando sus esfuerzos? Si ganaba más, ¿estaba despreciando sus sacrificios? Si sanaba el dolor, ¿entonces qué hacía con la identidad de víctima que cargó mi clan por gen...

Habita la abundancia

Durante mucho tiempo pensé que sanar mi relación con el dinero era un asunto de la mente: creencias, pensamientos, afirmaciones. También creí que bastaba con “vibrar alto” o repetir mantras de abundancia. Pero mi cuerpo decía otra cosa. Podía decir “yo merezco”, pero al momento de cobrar sentía culpa. Podía visualizar prosperidad, pero se me apretaba el estómago cuando invertía en mí. Podía afirmar que confío en la vida, pero me sudaban las manos cada vez que hablaba de precios o pagaba por algo que me daba placer. Entonces lo entendí: la abundancia no es un concepto mental. Es una experiencia corporal. Mi sistema nervioso no se sentía seguro al recibir. Y sin seguridad interna, no hay energía externa que fluya. Puedes leer todos los libros de prosperidad, hacer rituales, prender velas, hablarle al universo… pero si tu cuerpo se siente en peligro cuando recibes, vas a bloquear lo que llega. Y ni siquiera te vas a dar cuenta. La abundancia es una energía que necesita espac...

Recibir Sin Culpa: El Acto Más Valiente de Mi Sanación

Durante años, supe dar. A veces hasta vaciarme. Pero a la hora de recibir , algo dentro de mí se cerraba. No importaba si era un halago, un gesto, un regalo, un pago justo por mi trabajo… Una vocecita me decía: “No es para tanto” , “No lo mereces” , “Ya estás cobrando mucho” , “Deberías dar más antes de recibir” . Y así fui asociando culpa con recibir. Como si recibir fuera abuso. Como si pedir fuera arrogancia. Como si merecer algo bueno fuera ego. Y la vida me mostró una verdad brutal: la incapacidad de recibir también es una herida. Una herida que me hizo vivir de puntitas, sintiéndome agradecida por lo mínimo, como si la abundancia no fuera para mí. No nací con culpa. La aprendí. La absorbí de los silencios, del dolor no nombrado, del miedo a “molestar”, del mandato de ser buena, de callar, de sacrificarme. Y esa culpa se convirtió en filtro: por más que llegaran cosas buenas a mi vida, yo no podía sostenerlas. Algo en mí no las creía posibles. No me creía suficie...

El dinero siente la energía

Yo estoy conectada a un campo de abundancia universal, al igual que tú. Y el dinero es solo una de las muchas formas en las que esa energía llega a mí y a ti. No me pertenece. Y tampoco le pertenece a nadie más. El dinero nos atraviesa. Llega para ser usado, honrado y puesto en movimiento. Y cuando lo hago desde un lugar consciente, sin apego, con gratitud, el dinero siempre encuentra caminos para regresar a mí multiplicado. Esto no es pensamiento mágico. Es conciencia energética. Es un pacto invisible que tengo con la vida: si yo doy desde la confianza, la vida me sostiene. Yo no veo el dinero como lo ve la mayoría. No es solo un número en la cuenta, ni un papel que me da seguridad. Para mí, el dinero es energía. Y, como toda energía, necesita moverse, circular, respirar. Cada vez que me aferro, que lo retengo por miedo, que lo cargo de ansiedad o culpa, el dinero lo siente. Y lo que  siento es que empieza a estancarse. Durante mucho tiempo, por las experiencias dolorosas que viv...

Lo que creí mi mayor debilidad… era mi verdadero poder

Por años llevé mi historia como si fuera una carga. Me sentía defectuosa. Rota. Como si lo que viví me hubiera quitado algo que jamás podría recuperar. El dolor, los recuerdos confusos, esa sensación constante de estar al margen… todo parecía alejarme de la vida que soñaba. Pero un día, algo cambió. Como en la historia de Monet, el pintor. Cuando su visión comenzó a fallar, dejó de ver los colores “correctos”. Y sin embargo, no dejó de pintar. Al contrario. Ese cambio en su forma de ver el mundo le permitió crear una belleza nueva, completamente suya. No trató de volver a ver como antes. Usó su diferencia. Y eso me hizo ver la mía con otros ojos. Por mucho tiempo pensé que mi trauma me separaba de los demás. Pero hoy sé que me dio una sensibilidad profunda. Puedo leer lo que no se dice. Puedo sentir el nudo detrás de una sonrisa. Puedo comprender incluso lo que no logro explicar con palabras. Mi herida me enseñó a mirar el mundo de otra manera. Y eso ya no me parece un...

¿Mi armadura realmente me protegía?

Cuando era niña, sin saberlo, aprendí a protegerme. A veces era siendo fuerte. Otras, callando. Pasando desapercibida. A veces complacía. O me aferraba al control. Cada uno de esos mecanismos fue una especie de armadura que construí para sobrevivir. Y sí, me ayudó. Me permitió llegar hasta aquí. Pero con el tiempo, empecé a notar algo: ya no me protegía, me limitaba. Recordé la historia del boxeador Mike Tyson. Entrenaba con un casco que, supuestamente, lo protegía. Pero ese casco no evitaba el verdadero daño. Al contrario: al darle una falsa sensación de seguridad, él y sus oponentes golpeaban con más fuerza. Y su cerebro era el que recibía todo el impacto. A veces, nuestras armaduras hacen exactamente eso. Por años creí que no hablar de lo que me dolía me protegía. Pero en realidad me aislaba. Pensé que estar siempre alerta me mantenía a salvo. Pero solo me agotaba. Aprendí a desconectarme del cuerpo para no sentir. Me di cuenta de que estaba sobreviviendo. Per...

Mi historia importa (y la tuya también)

Por años pensé que lo que me había pasado no era tan grave. Que había personas que habían sufrido más. Que mis heridas no merecían tanto espacio. Pero he aprendido que el dolor no se compara. Se siente. Y lo que yo sentí fue real. Me marcó. Me cambió. Y eso basta para reconocerlo y atenderlo. A veces, cuando escuchamos cifras sobre sufrimiento, algo en nosotros se apaga. Es como si el dolor se volviera ajeno, impersonal. Pero cuando alguien cuenta su historia, cuando escucho a una sola persona abrir su corazón, me pasa algo por dentro. Me conecto. Me conmuevo. Me entiendo un poco más. Por eso hoy elijo honrar mi historia. No minimizarla. Lo que viví me dejó huella, y esa huella merece cuidado. No soy una estadística. No soy un número. Soy una persona con emociones, recuerdos, preguntas y ganas de sanar. Sé que a veces duele mirar hacia atrás. Pero también sé que hay algo profundamente liberador en dejar de fingir que no pasó nada. Sentir es un acto de valentía. Sanar tam...

Salir del laberinto: lo que me salvó… luego me encerró

Durante mucho tiempo creí que ser fuerte era la única opción. Callar. Aguantar. Anticiparme al daño antes de que llegara. Adaptarme. Hacer lo que fuera necesario para sobrevivir. Y funcionó. Me protegí como supe. Me escondí en lo correcto, en lo prudente, en lo invisible. Pero lo que me salvó en ese entonces… …más adelante se volvió una cárcel. Una cárcel hecha de hábitos, miedos y viejas soluciones. No siempre es un solo evento el que deja trauma. A veces son los silencios. Las miradas que no llegaron. Las veces que te tragaste el llanto porque nadie iba a sostenerlo. Las veces que fuiste tu propio refugio porque no había nadie más. El trauma se instala. Se cuela en tu forma de respirar, de amar, de reaccionar. Y sin darte cuenta, estás viviendo con el cuerpo en el presente… …pero con la mente atrapada en el pasado. Me pasó. Sentía que hacía todo “bien”, pero algo en mí seguía alerta. Como si algo malo pudiera pasar en cualquier momento. Y lo peor es que, al ...

La caja de tachuelas que me salvó… y que también tuve que soltar

Durante años, viví protegida por una armadura invisible. Me volví experta en detectar el peligro, en controlar cada detalle, en mantenerme firme aunque por dentro me estuviera desmoronando.  Crecí con heridas profundas, de esas que no se ven pero que moldean todo. El trauma en mi infancia me enseñó a sobrevivir, y para hacerlo, armé mi propia caja de herramientas: la desconfianza, el silencio, el alejamiento emocional. Me sirvieron. Me salvaron. Pero también me encerraron. Hace un tiempo descubrí algo que me dejó pensando: el Efecto Einstellung . En los años 40, un psicólogo llamado Karl Dunker hizo un experimento con una vela, una caja de fósforos y una caja de tachuelas. El reto era fijar la vela a la pared sin que la cera cayera sobre la mesa. La mayoría intentó lo complicado: clavar la vela o pegarla con la cera derretida. Nadie veía lo más simple: usar la caja vacía de tachuelas como soporte. Eso hacemos muchos de nosotros: usamos lo que conocemos , aunque ya no funcione. Re...

Sanar el vínculo con papá, aunque ya no esté

Esta semana, al hablar sobre papá con mis hermanos, me di cuenta de algo que nunca había mirado tan de frente: Hay partes de la historia de mi papá que no conozco… y que hoy me hacen falta. No es que no tenga recuerdos con él. Claro que los tengo. Momentos compartidos, palabras, miradas, gestos suyos que se me quedaron grabados. Pero hay preguntas que no hice. Historias que no le pedí que me contara. Temas que no me importaban de joven y que ahora, en esta etapa de mi vida, me duelen por su ausencia. Quisiera saber más sobre lo que pensaba, lo que sentía, lo que lo conmovía. Cómo veía el amor, la vida, la muerte, los hijos, su propio pasado. Hay respuestas que nunca llegarán. Y aunque sé que no las tendré en esta vida, sé que siguen vivas, girando como preguntas en mi corazón. Tal vez un día, en otro plano, nos encontraremos de nuevo y nos daremos el tiempo de contarnos todo eso que se quedó volando. Por ahora, solo puedo mirarlo desde adentro. Y honrar la huella que dej...